Quizá son preguntas que muchas
veces nos hacemos y que nos podemos estar haciendo en estos momentos. Vemos que
contestarlas en un sentido positivo cuesta un poco, puesto que muchas veces no
sabemos leer, poco comprendemos y poco aprendemos.
Leer, comprender y aprender, de
ésta forma le ha llamado Isabel Solé (2011) al segundo capítulo de su
interesante y motivador libro “Estrategias de lectura” y en el que nos brinda no
solamente las relaciones entre leer, comprender y aprender, sino también las
estrategias para lograrlo; opinaremos y analizaremos con respecto a ello.
LECTURA Y COMPRENSIÓN:
¡Qué difícil es leer y
comprender! ¿Verdad? Muchas veces leemos por leer y al final no comprendemos
nada, o sea no aprendemos. La autora nos dice que cuando comprendemos una lectura,
construimos su significado, puesto que partimos de un conocimiento previo (lo
que ya sabemos), relacionamos esto con lo que leemos y nos apropiamos de ello,
es decir, formamos un aprendizaje significativo.
Solé, manifiesta que la
interpretación y comprensión que el lector adquiera de determinada lectura
depende principalmente de tres aspectos: Conocimiento previo, objetivos y
motivación.
¡Y es así! En el camino de la
vida nos vamos llenando de lo que Isabel llama “esquemas de conocimiento”, que los formamos a partir de lo que
vamos experimentado en el día a día, en nuestras relaciones con los demás y de
los elementos de nuestra cultura ¡esto también es aprendizaje! Que a la hora de
leer y querer comprender es muy útil, puesto que asociamos.
Leer es más que descifrar las
grafías y conocer el significado de las palabras de un texto: es comprender las ideas que expone
y lo que el autor quiere decir, relacionarlo con lo que el lector sabe, reconstruirlo
con estos saberes en la propia mente, sacar conclusiones y usarlas para lo que
la persona quiera hacer con el texto: aprender lo expuesto, estudiarlo,
disfrutar, trabajar, contestar preguntas, elaborar una reflexión, seguir las instrucciones
que presenta.
¡Marcarse unos objetivos es importante! ¿Pensamos en
objetivos a la hora de leer? Los que somos docentes ¿enseñamos a nuestros
alumnos a pensar en qué quieren lograr a través de las lecturas y para qué lo
hacen? Muchas veces no, desafortunadamente y resulta que “dichos objetivos
determinan no sólo las estrategias que se activan para lograr una
interpretación del texto; además establecen el umbral de tolerancia del lector
respecto de sus propios sentimientos de no comprensión”, nos dice Solé.
Pienso, que el objetivo de la
lectura marca el tipo de lectura: no se lee igual cuando se hace por placer o
para hacer un examen, para informarse o para contestar un ejercicio, para
buscar un dato, hacer una reserva, solicitar un documento... También se lee
distinto los textos según su género, forma y estructura, que son aspectos que
aportan información sobre el contenido y los objetivos del texto: no tiene la
misma estructura un poema que una noticia, una lección que unas instrucciones
de un vídeo, una gráfica de barras que una novela o una nota en la nevera de
casa... Como dice la autora, “nuestra lectura está dirigida por nuestros
objetivos”, para lo cual, nos recomienda, la necesidad de enseñar a que los
niños aprendan a leer con diferentes intenciones, para lograr fines diversos y
poder desarrollar en ellos diversas estrategias de comprensión. ¡Genial cuando
se aplica!
Y ¿motivación? ¿Para qué la
motivación cuando se lee? Pues la motivación nos da un sentido, es como el
motor que mantendrá nuestra atención en la lectura. Isabel nos lo presenta todo
como una conexión: Nuestro aprendizaje previo nos ayudará a la consecución de
los objetivos al leer y si los objetivos están claros y van de la mano con los
intereses propios entonces la lectura resultará motivante.
En el ámbito de la enseñanza, el
profesorado tiene un papel fundamental como modelo para transmitir cómo se
afronta un texto en su área poniendo de manifiesto, en clase, de forma
explícita, su estrategia de lectura: practicándola y transfiriendo progresivamente
el control de la misma al alumno, presentando cómo se interroga sobre el
contenido de un texto de su área, cómo revisa, ajusta y reajusta las ideas
conforme avanza en la lectura, cómo usa su experiencia y saberes, cómo resuelve
los problemas –usando el diccionario, lanzando hipótesis y comprobándolas,
poniéndose ejemplos, haciendo deducciones, identificando, consecuencias,
generando inferencias, comentándolo con otros colegas...Puesto que “el interés también se
crea, se suscita y se educa”.
En conclusión: leer es comprender
y comprender es un proceso mediante el cual se construyen significados a base
de lo que sabemos y lo que vamos aprendiendo.
Comprensión lectora y aprendizaje significativo:
¡Es necesario leer para aprender! Es decir, leer para apropiarnos
de la lectura y hacerla nuestra, poder expresarla con nuestras propias
palabras, nuestros propios ejemplos, nuestras propias opiniones. Aprendemos cuando
ampliamos los conocimientos previos a la lectura y reorganizamos nuestros
esquemas, es decir producimos lo que Solé llama una “memorización comprensiva”.
¡Qué interesante!
Isabel Solé concluye éste
capítulo diciéndonos una gran verdad: “si enseñamos a un alumno a leer comprensivamente y a aprender a partir de la lectura, le estamos facilitando que
aprenda a aprender, es decir, que pueda aprender de forma autónoma en una
multiplicidad de situaciones” ¡Excelente conclusión! Y excelente si la ponemos
en práctica.
